Universal Radio

lunes, 19 de noviembre de 2012

¿Cómo están ustedeeeeees?

Siempre he creído que la canción era 'La Gallina Turuleta' y hace unos años me enteré de que era Turuleca... pero cantaba la canción igual, fuera de un modo o de otro. La merienda era especial si esa tarde salían por la tarde los payasos en la tele. Primero fue Fofó, luego Gaby y ahora Miliki. Se fueron. De los tres, el mío era Miliki. Como si fueran los tres Reyes Magos, que uno siempre tiene su favorito. Pues el mío era él. Crecí, poco, con Miliki y los payasos del Gran Circo de TVE, luego, los Payasos de la Tele... Y estaba Fofito y luego Milikito... Pero Miliki era especial. Sencillo. Tierno. Payaso. Pero por encima de todo, era un hombre bueno.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Palabras propias y ajenas

Hasta pronto Félix

En agosto de 2005, después de que este escribiente pasara un verano muy complicado, me llama Santi Otero y me dice: "Félix es el pregonero de su pueblo en las fiestas. Me dice que no sabe como hacer el pregón, le he dicho que tú podrías echarle una mano".
No podía negarme porque era Félix y porque nuestro amigo común Santi Otero, otro tipo grande grande, hizo posible la colaboración de ambos. Entendió Santi algo que le enseñó Félix, que aquí estamos para echarnos una mano por mucho que no lo quiera reconcer porque es así de testarudo. "Tú le echas una mano a él y Félix te pasará fotos"; así de sencillo.
Así lo hicimos y el resultado del trabajo conjunto de los tres fue este: (no hace falta que lo leas, sólo que sirva de metáfora para alabar la amistad). Santi era (es) la mano derecha, el pie, el brazo y muchas cosas más de Félix y de Ricardo. Y él hizo posible el milagro.Ah, Félix, dejas unos testigos muy buenos en todos los aspectos, que lo sepas.

"Estimadas autoridades, querido alcalde, vecinos de Valdorros, amigos y amigas todos. Es un honor para mí ejercer de pregonero en estas fiestas del que considero mi pueblo. Sabéis que lo mío no es la palabra, más bien reflejar sin ellas, con imágenes, lo que ocurre en lo cotidiano. Por eso quiero que me ayudéis en este momento. En esto que yo voy a contaros, quiero que seáis vosotros quienes lo hagáis realidad con el pensamiento.


Para mí es fácil hablar de vosotros, de la gente, de las personas. En una sociedad en la que cada uno va  a lo suyo, en un mundo lleno de injusticias en el que unos sufren para que otros triunfen, es una bendición acercarse hasta Valdorros para comprender que es sencillo convivir; que en la ayuda mutua está el verdadero triunfo de la condición humana y que con una palabra de siete letras se define todo: amistad. Incluso reduciéndola a cuatro: amor.

Una de las mejores maneras de manifestar la amistad, el amor y la concordia es la fiesta. Y en eso tenemos suerte, Valdorros está de fiesta… y grande. Y quiero tener un recuerdo para los que ya no están con nosotros y un saludo para los nuevos vecinos y amigos. Esta tierra siempre ha sido productiva, como sus paisanos. Gente que ha trabajado la tierra, regada con sudor y abonada con mucho amor. Personas que han convertido el entorno en un lugar especial, lleno magia que hemos heredado. Valdorros se encuentra a mitad de camino entre el núcleo rural y el nuevo pueblo al que acuden familias jóvenes con sus retoños que harán renacer la vida que en otro tiempo tuvo la villa.
Pero ahora, lo más importante es la fiesta. Que a partir de hoy comience, también para nosotros, un tiempo de oro; una semana mágica en la que veamos resueltos todos nuestros anhelos, en la que seamos plenamente felices. No podremos renunciar a las palabras "tuyo" y "mío"; porque ya no sabríamos vivir sin ellas; pero sí que podremos compartir algo de nuestro tiempo y podremos compartir toda nuestra pasión de villarrubieros, nuestra pasión por la Virgen de la Sierra.
También podremos contagiar nuestra alegría, brindar nuestro apoyo a los que no han podido aparcar por unos días sus afanes, sus preocupaciones. Pero, sobre todo, esta semana tenemos que sentirnos más próximos, más dispuestos a ser solidarios que el resto del año, y tenemos que sentir el deseo de un pueblo que quiere vivir en paz, que quiere vivir mejor. Divertirse sanamente ya es empezar a vivir mejor; es hacernos bien a nosotros, es hacerle bien al pueblo. Felices fiestas. ¡Viva Valdorros. Viva la fiesta!"

martes, 30 de octubre de 2012

Palabras ajenas III

Serendipia de otoño

Te he dejado la puerta 
abierta
para que pases sin
llamar.

Y desde el dintel
te veo bajar 
las escaleras.

Metáfora pálida de otoño.

lunes, 22 de octubre de 2012

Palabras ajenas II


(Sobre una idea de Rubén Darío)

Y su madre se pregunta…

Y su madre se pregunta:
“¿Cómo no tienes la piel tostada como yo?”.
  Y la respuesta se la dio la Luna:
 “No puede ser de otra forma que su pelo
sea oro, si en tu nombre nacen flores
pintadas por el calor del Sol”.

jueves, 16 de agosto de 2012

Palabras ajenas



Versos sueltos para una niña inquieta, de nanas, estrellas y silencios

Inquieta susurras con la mirada. Te canto
  nanas de luna que acunan las
    estrellas que haces brillar en un
      silencio que enmudece.





 (La foto la hizo su padre, un tipo muy grande)

domingo, 8 de julio de 2012

Cuentos de verdad


YA NO ME SIRVES

NO HAY SITIO PARA MÁS. Esta frase era ya habitual oírla cada mañana. “Ya no hay sitio para más”, repitió cansino el capataz. Las más de cien personas que estaban esperando entrar aguardando durante horas, tomaron el camino de regreso a no se sabe dónde. Ella agarró su bolsa, se la puso en bandolera y abandonó la puerta de fábrica. Es una escena propia del siglo XIX o principios del XX cuando en plena crisis de todo, el dueño de la fábrica congregaba como corderitos a los obreros que querían obtener un puesto de trabajo para obtener con ello el sustento.
O mucho cambia la sociedad o nos veremos en una situación similar en muy poco tiempo. El trabajo no puede pasar de ser un derecho a un lujo. Y que el trabajo sea decente… eso es ya una quimera, tampoco; sobre todo en los de menos cualificación. Y en los de más, en algunos casos, también. He compartido esta semana una de esas situaciones de precariedad que me han dejado inquieto, desasosegado y defraudado. He visto como hay algunas personas que presumen de una profesionalidad que no tienen, de una moralidad de la que adolecen y que alardean encima una falta de respeto hacia la persona trabajadora que me repele. Y todo ello aderezado y acentuado por una legislación que desampara a quien no tiene la culpa de lo que pasa. Porque al final quien paga el pato es, de manera injusta, el último eslabón de la cadena, el más barato aunque haya sido el más productivo o el que más ha dado por algo, que en el fondo, el que engarza la cadena no se mereció nunca. Y hala, a la calle por cuatro euros. No me sirves ya. Te he utilizado durante cinco años y ahora te tiro a esa gran papelera en la que ya se chocan, unos con otros, cinco millones de ‘gurruños’ de papel.
Me resisto a pensar que somos mercancía de usar y tirar y me resisto a creer que no hay un futuro mejor para todos. Que la cosa está mal, sí, pero vamos a levantar la cabeza y remar juntos que hay vida más allá del hasta luego.

martes, 3 de abril de 2012

Cuentos propios (VII)


39 escalones

El miedo se apoderó de mí en un instante. Fue cruzar el umbral de aquel pórtico y sentir un escalofrío que taladró mi columna vertebral desde los riñones hasta el occipital. Nunca otra vez había sentido algo parecido. Era un miedo extraño porque, al mismo tiempo que el terror se comía los tuétanos de mis huesos, una extraña sensación me atría como un imán imaginario hacia el interior de esa vieja iglesia en ruinas. Piedras blancas y restos de las viejas maderas que compusieron la techumbre eran el único panorama delante de mis ojos.
Eso y la escalera de caracol que subía hacia lo alto de la torre. Sin saber cómo todavía, mis pies empezaron a subir, uno a uno, los 39 escalones. No sé como mi cabeza empezó a maquinar y de repente me llegó la imagen de los 39 latigazos a Cristo en el patio del tribunal que le condenó.
Al llegar a lo más alto tuve que apoyarme en la pared para no caer por el vano que se abría al norte. Un frío espectral me recorrió… y no recuerdo más.
Cuando abrí los ojos sólo vi el último escalón. El 39. Nadie fue capaz de decirme que sí caí al vacío por aquel vano que daba al norte; pero tampoco que en aquel escalón 39 un alma buena me rescató de la muerte.
Tiempo después volví a aquella ruina y a aquella torre y a ver aquella escalera de caracol. Y ascendí de nuevo los 39 escalones. Al llegar al último algo llamó mi atención. No era de piedra como los demás. Era una losa de mármol blanco con mi nombre, mi fecha de nacimiento y la fecha de mi muerte.




Me he prometido no volver allí. Ahora sé cuando voy a morir., aunque... quizá ya esté muerto.

martes, 7 de febrero de 2012

Cuentos propios (VI)

Zooántropo

Intentó hablar, pronunciar cualquier palabra, pero no pudo.Sólo salía de su garganta una especie de lamento a mitad de camino entre una 'a' y una 'u', que ni él mismo podía descifrar.
Estaba frente a la verja oxidada de algo parecido a un parque pues oía el ulular del viento entre las ramas de unos viejos cipreses, pero la oscuridad no le dejaba ver más allá de esa vieja puerta de hierro cincelada y adornada con volutas rococós. Al menos eso parecía al tacto porque la noche le envolvió en una vorágine de ruidos y sueños que quedaron enredados en los alambre de espino que partían de la puerta.
Lo intentó de nuevo 'aaaa' 'uuuu'. Nada. Impsible.
Al fondo una luz anaranjada parecía salir del horizonte, como queriendo liberarse de la opresión maldita del dios de la oscuridad. Y a medida que crecía la luz sus articulaciones perdían la frescura y la sensiblidad. La luz se tornaba amarillenta y él notaba su piel más áspera, rugosa, endurecida.
El viento agitaba con más fuerza las ramas de los árboles. La luz se hizo intensa y coronó el cielo. Al mirar al horizonte, a través de la verja, vio su propia tumba. La luz le cegó y por fin pudo soltar el grito que su garganta había ahogado durante horas. ¡Auuuuuuuuuuuuuuuu!

miércoles, 4 de enero de 2012

Cuentos propios (V)

Doce campanadas

Se me caían los ojos de sueño. En realidad no era sueño, puede ser que fuera aburrimiento. Por la autopista no circulaba nadie. ¿Quién va a hacerlo en Nochevieja? El viejo transistor a pilas que tenía en la cabina del peaje voceaba que quedaban unos minutos para las campanadas. 2013 estaba a punto de llegar.
La niebla era tan espesa que se podía cortar. Apenas, desde mi aposento, podía ver la entrada de la autopista. De repente, a lo lejos vi reflejarse los faros de un coche. Me puse alerta, debía de salir por mi peaje. Estire la espalda al mismo tiempo que veía avanzar dos potentes focos que se acercaban a la garita. Era un viejo Renault 8. ¿Quién viaja hoy en un R8 de hace 35 años?, mascullé.
Traía la música muy alta. Se podía escuchar desde mi posición. El conductor bajó la ventanilla. Me asusté. Su rostro estaba desfigurado. Parecía tener una máscara de cera que se derretía poco a poco. Con voz ronca se dirigio a mí:
 - ¡Qué noche tan horrorosa, amigo!, me dijo extendiendo un billete de 20 euros.
Sin saber qué decir, asentí con la cabeza y le alcancé las vueltas hasta completar los 9,30 euros del importe. Oí la primera campanada.
- Llega el año nuevo, amigo. Que tenga buena noche. -Me dijo con ese ronco acento con el que me hablaba.
Al extender la mano para entregarle el cambio, me agarró por la muñeca de la mano izquierda y hábilmente ató una cuerda a mi brazo. Angustiado oía campanada tras campanada. El hombre desfigurado cerró la ventanilla por la que sobresalía la cuerda con la que me había atado. Yo ya había abierto la barrera del peaje y salió a toda velocidad  mientras la cuerda iba dejando hilo y más hilo atada a mi mano izquierda. Grité todo lo que pude, pedí socorro, nadie me oía. Ocho, nueve campañadas... mis sollozos eran eternos.
-¡No! ¡No! ¡No quiero morir!..... La niebla me envolvía.... Diez, once campanadas....
Doce campanadas.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Cuentos propios (IV)


Terror

¡Bloom !La puerta se cerró de improviso. Me dejó el susto en el cuerpo porque ni yo, ni ella, esperábamos el portazo.

La convencí para acercarnos a ese pueblo fantasma, deshabitado y entrar en el viejo hospital abandonado. Las paredes olían a azufre. El suelo, frío, helado, estaba resbaladizo. El caso es que aún no sé como me deje llevar por la inocencia para entrar en esa habitación ciega, sin ventanas.  Estaba pensando en ello cuando oímos el ¡bloom! estremecedor.  Enseguida me di cuenta de que estábamos metido en un buen lío. La puerta estaba cerrada, pero por el interior de la habitación, no tenía pomo. Estábamos encerrados...

Encerrados en una maloliente habitación de un viejo hospital abandonado y, además, en un pueblo deshabitado... ¿qué podíamos hacer?....

-Qué jugada tan cruel nos ha jugado el destino a los dos -le dije a ella-.

-¿A los dos? ¿Estás seguro?

domingo, 4 de diciembre de 2011

Cuentos ajenos (XII)


La leyenda de la anjana traviesa

Cuenta una vieja leyenda recogida en los valles cántabros más cercanos a la Meseta que una anjana traviesa fue encantada por el hechizo de un ojáncano en ese momento del año en que las horas de luz diurna se igualan con las de penumbra.
La anjana traviesa paseaba por las sendas de los bosques y descansaba en las orillas de los manantiales y arroyos. Pero el hechizo efecto y se quedó profundamente dormida al pie del balcón de las rocas de la Cueva del Agua, muy lejos de su bosque cántabro. Al fondo, vigilaban quietos dos camellos de piedra que siguen, aún hoy, mirando de reojo los valles de Valderredible y las Hoces del Rudrón y del Ebro.
Dormida quedó la anjana contemplando ese paisaje; sus cabellos calleron precipicio abajo y de repente se transformaron en un cascada profunda y bulliciosa como la misma hada.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Cuentos ajenos (XI)

Foto Almudena Sanz
El pájaro y el sabio

Hubo una vez un hombre sabio en un pequeño pueblo de la vieja Castilla. Su bondad y conocimientos despertaban la envidia de mucha gente. Un día, unos vecinos urdieron un plan para engañarle. Atraparían a un pájaro vivo e irían a visitar al hombre sabio. Uno de ellos sostendría el pájaro detrás de la espalda y le preguntaría:
«Hombre sabio, ¿el pájaro está vivo o muerto? »
Si el hombre sabio respondía que estaba vivo, el vecino aplastaría rápidamente al pájaro y diría: «No, está muerto».
Si el hombre sabio decía: «El pájaro está muerto», el hombre le enseñaría el pájaro con vida.
Consiguieron los vecinos que el hombre sabio los recibiera.
El que sostenía al pájaro le preguntó: «Hombre sabio, ¿el pájaro está vivo o muerto?»
El hombre sabio permaneció en silencio durante unos instantes. Después se agachó hasta que quedó a la misma altura que el chico y le dijo: «La vida que sostienes está en tus manos».

martes, 15 de noviembre de 2011

Cuentos ajenos (X)

La última casa de madera
Un viejo carpintero decidió retirarse. Así se lo comunicó a su jefe que, aunque iba a extrañar su salario, necesitaba jubilarse y estar con su familia. Su jefe se entristeció mucho con la noticia porque aquel hombre era su mejor carpintero. Decidió pedirle de favor que le construyera una última casa antes  de dejar de trabajar.
El carpintero aceptó la proposición y empezó la construcción de su última casa pero, a medida que lo hacía, perdía la ilusión por hacerla. Arrepentido de haber aceptado la petición de su jefe, el carpintero no puso el esfuerzo y la dedicación que acostumbraba poner en el trabajo. Cada casa la había construido con gran esmero, pero ya estaba cansado y sentía que su jefe le había presionado para hacer una casa más.
Cuando el carpintero terminó la casa, el jefe vino muy contento y le entregó la llave de aquélla, diciéndole:  «Ésta es tu casa. Es mi regalo para ti y tu familia por tanto años de buen servicio». El carpintero sintió que el mundo se desvanecía bajo sus pies... Si tan sólo hubiese sabido que estaba construyendo su propia casa, lo hubiese hecho todo de una manera diferente.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Nocturno con luna dentro



El parto más complicado del universo es el nacimiento de una luna llena cada 28 días.
Los girasoles de Peña Amaya y Peña Ulaña ya han bajado la cabeza esperando la brisa nocturna. No sé si algún día acabarán haciéndose al cambio taciturno del día a la noche. Ellos, tampoco lo saben.




Mientras tanto, la luna ya ha nacido una noche más y se despereza quitándose de enmedio las nubes rizosas que dejan sus huellas rojas sin que nadie se percate de ello. Dicen que son sus lamentos, que quedan colgados de unos hilos invisibles tejidos por un ángel, porque empieza a menguar.

lunes, 30 de mayo de 2011

Cuentos propios (III)

Oro y nata


Cuantas deudas
tengo contigo…
que no sé como saldar.
Aquí estoy
con mis manos vacías.
No tengo mucho que ofrecerte.
Sólo
       el silencio
                       de la noche
--roto  por la tormenta--
para escuchar.
No me has pedido que sea
canción,
ni que sea poema…
ni espuma de mar y arena:
letras de oro y nata
en un playa desierta
para regalar.

lunes, 16 de mayo de 2011

Cuentos propios (II)

 Nubes blancas

Melodía que me envuelve,
droga dulce y encantada,
cincelada en una nube blanca,
y enredada en el pentagrama
imaginario de la ilusión
que una brujilla buena conjuró.

Ni la luna casi llena;
ni las enormes secuoyas del parque;
ni el ronroneo del río,
ni el murmullo del viento
que roza las hojas de los árboles…
momento a momento
prefiero compartir las cosas sencillas
del día a día, contigo;

Melodía, nube y droga bruja,
ronroneo, momento y murmullo…
Así es tu compañía.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Cuentos propios (I)

Nubes rojas


El horizonte dibuja
algodones rojos y blancos
como si fueran de feria,
tan dulces… que me hacen feliz.
Allí están: semi colgados
de unos hilos invisibles
enganchados en la cúpula del cielo.
Atardece…
con la ciudad al fondo
y la luna creciente
tratando de sonreir.
Con ello me basta.

Nube, hilo, luna y sonrisa:
Así es tu compañía.



lunes, 4 de abril de 2011

Cuentos ajenos (IX)

Cuando la luna empieza a crecer... 
es preciso conjugar los verbos en infinitivo

Pensar sin conocimiento,
volar sin alas.
Caminar sin pies,
observar sin perturbar,
escuchar sin interrumpir,
palpar sin crear incomodidad.
Disfrutar de una flor sin robarle su aroma.
Entrar en el interior de cada uno y ver esa realidad.
Romper la tarjeta de los horarios
y hacer un viaje hacia lo desconocido.
No desperdiciar la energía vital
en esfuerzos por mantener la máquina enorme
y ridícula de la auto importancia y productividad.

No sólo el silencio de afuera es necesario, también el silencio interior.
Sin el silencio, el alma no tiene claridad, no tiene luz.

domingo, 13 de marzo de 2011

Cuentos ajenos (VIII)

El muñeco de sal

Un viejo muñeco de sal llego cierto día a una playa después de andar y andar por tierras cálidas y por desiertos. Cuando llegó a la orilla del mar, quedó maravillado, pero no acertaba a adivinar que era aquella masa enorme de agua.
Le preguntó al mar: ¿Quién eres?; Soy el mar, respondió. Pero, ¿qué eres?, prosiguió el muñeco; Yo, le volvió a responder aquel trozo de océano. Pues no lo entiendo, replico el monigote.
Si quieres conocerme, le dijo el mar, tócame. El muñeco de sal, muy tímidamente tocó el mar con la punta de sus pies. Pero se asustó muchísimo al darse cuenta de que las puntas de sus pies habían desaparecido.
Mar, ¿qué me has hecho?, dijo entre sollozos el muñeco de sal. Sólo me estás comprendiendo, le replicó el océano. El monigote se quedó un tiempo largo pensando… y comenzó a deslizarse muy lenta y suavemente en las aguas. A medida que las olas lo atrapaban, poco a poco se iba deshaciendo hasta acabar diluido en la inmensidad del mar. En ese momento comprendió: yo soy el mar.

lunes, 21 de febrero de 2011

Cuentos ajenos (VII)


El reloj incompleto

El reloj de pared de la casa de mi abuela sólo era capaz de hacer ‘tic’. El ‘tac’ siguiente ya ni se oía. Y tampoco era tan viejo aquel artefacto. De niño me quedaba mirándolo horas y horas. Sus números romanos; su péndulo y la ranura ovalada con la que se le daba cuerda. Ni con todo el carrete completo era capaz de hacer ‘tac’.
Su armazón de madera oscura era la caja de resonancia perfecta. Pero yo era incapaz de adivinar porqué había dejado de hacer ‘tac’. En realidad, nadie sabía por qué; creo que el único que lo sabía era él. Y es que el péndulo tenía claro que debía ir de un lado para otro. Y las agujas, también conocían que debían recorrer toda la circunferencia del reloj.
El caso es que todo parecía estar en orden, pero no. Faltaba el ‘tac’ definitivo que cerrara el sonido perfecto del reloj.
En ocasiones, a las personas, nos falta el ‘tac’ definitivo que cierre nuestro sonido perfecto. Todo parece que funciona, como el péndulo del reloj o sus manecillas; incluso hasta nos suena el ‘tic’ inicial. Pero nos falta el ‘tac’. Cada uno tiene el suyo y hasta que no suene, dejaremos algo incompleto.

(Versión libre de otro cuento ajeno)

domingo, 13 de febrero de 2011

Cuentos ajenos (VI)

Le preguntó en cierta ocasión el joven aprendiz al maestro:
Maestro, ¿seré feliz?
El mentor respondo: Sí, feliz a ratos. Porque para conquistar la felicidad hay que vivir, a ratos, también la tristeza.
Pero el joven no quedó satisfecho con la respuesta y volvió a preguntarle: Pero maestro, ¿no dices que el fin de hombre es ser feliz? Yo quiero tener la felicidad completa, dijo con aires de soberbia.
El maestro sonrió. Dejó que su aprendiz relajara su humor y le replicó: ¿Has visto ese olivo que nos mira desde el patio? Tiene más de cien años. ¿Ves su tronco retorcido? Es síntoma de su madurez como ser vivo. Está sano y nos regala la vista con su porte. Le costó arraigar en el suelo; ha pasado cien inviernos sin perder la hoja en apariencia; pero ha mudado cien veces y cien veces ha renacido. Así es la felicidad, mudaremos cientos, miles de veces nuestros pesares que se convertirán, cien, mil veces, en proyectos de futuro; ahí está la felicidad, en la dicha de emprender siempre algo nuevo.

martes, 11 de enero de 2011

Cuentos ajenos (V)


El burro y el pozo

Ocurrió que un día el burro de una campesina se cayó en un pozo. El animal lloró y lloró durante varias horas, mientras la campesina trataba de averiguar qué hacer. Finalmente, decidió que el burro ya estaba viejo, el pozo estaba seco y además necesitaba ser tapado, así que pensó que realmente no merecía la pena intentar sacarlo de allí.

La mujer invitó a todos sus vecinos para que acudieran a ayudarla. Todos cogieron una pala y empezaron a echar tierra en el pozo. El burro se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y comenzó a gimotear con más fuerza. Pasado un tiempo, para sorpresa de todos los presentes, el animal se calmó.

Después de unas cuantas paladas de tierra, la campesina miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio... Con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble. Se sacudía la tierra y daba un paso hacia arriba.

Mientras los vecinos seguían echando tierra encima del animal, él se la sacudía y ascendía un paso más. Pronto todo el mundo comprobó con sorpresa cómo el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y se alejó trotando....

Y es que la vida, nos echará tierra, todo tipo de tierra... La clave para salir del pozo es sacudírsela y dar un paso hacia arriba. Cada uno de nuestros problemas debe ser un escalón más que vencer. Podemos salir de los más profundos huecos si nunca nos damos por vencidos y deseamos salir adelante.

Los que se dedican a escribir estas cosas, dicen que las reglas para ser feliz son seis:
Liberar el corazón del odio.
Liberar la mente de preocupaciones.
Vivir de forma sencilla.
Dar más.
Esperar menos de los demás.
Tener esperanza en el mañana.

viernes, 7 de enero de 2011

Cuentos ajenos (IV)


EL TARRO Y LAS PIEDRAS

Un profesor, delante de sus alumnos de la clase de filosofía, sin decir ni una palabra, cogió un frasco grande de vidrio y procedió a llenarlo con piedras. Después preguntó a los estudiantes si estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí. El profesor cogió una caja piedrecitas, como si fuera gravilla y la vació dentro el interior del frasco. La grava llenó los espacios vacíos que quedaban entre las piedras. El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el estaba lleno, y ellos volvieron a contestar que sí.

Después el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del frasco. Por supuesto que la arena llenó todos los espacios vacíos y volvió a preguntar de nuevo si estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un sí unánime. El profesor, rápidamente añadió dos tazas de café al contenido del bote y efectivamente, llenó todos los espacios vacíos entre la arena.

Los estudiantes reían. Cuando la risa se fue apagando, el profesor dijo: “Quiero que os fijéis que este  frasco representa la vida. Las piedras son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor, cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto y nada más nos quedaran éstas, vuestras vidas aún estarían llenas. La gravilla representa otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche.... La arena es el resto de las pequeñas cosas. Si pusiéramos primero la arena en el bote, no habría espacio para la grava ni para las piedras. Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca lugar para las cosas realmente importantes. Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad. Juega con tus hijos, concédete tiempo para ti mismo, para visitar al médico, ir a cenar con tu pareja, practica tu deporte o afición favorita. Siempre habrá tiempo para limpiar la casa, o hacer reparaciones... Ocúpate primero de las piedras, de las cosas que realmente te importan. Establece tus prioridades, el resto sólo es arena”.

Uno de los estudiantes levanto la mano y le preguntó que representaba el café. El profesor sonrío y le dijo: “¡Me encanta que me hagas esa pregunta! El café es para demostrar que aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar para dos tazas de café con un amigo”.